Arturo Brizio


Corría el año de 1970 y en una reunión en casa de mis padres se escuchó la orden:

 – ¡Chamaco, ve por refrescos y cigarros! Era un domingo por la tarde y las tiendas cercanas se encontraban cerradas.

 – ¿En qué me voy? Inquirí a mi progenitor y la respuesta fue…

 – Llévate el coche del chino.

 Pues ahí tienen amigos que su atento y seguro servidor, Arturo Brizio Carter, con 14 años, se dirigía a las compras en un auto que pertenecía al mismísimo Arturo Yamasaki, bautizado por don Ángel Fernández como el ‘Árbitro de América’.

Lo que da origen a esta anécdota es que en Grama 108, cerca del Estadio Azteca y casa de la familia Brizio, se daban cita después de los partidos los mejores silbantes de México para, junto con mi padre don Arturo, degustar botanas, echar una copita (o a veces hasta dos) y conversar del tema que desde entonces me ha apasionado: El arbitraje.

Junto con mi hermano Eduardo aprendí a manejar en los autos de esos personajes y así, tripulé el “vocho” de Yamasaki, el MG del ‘Pato’ Molina, el Falcon de Mario Rubio, el Barracuda de Domingo de la Mora, el Volkswagen cerecita de Joaquín Urrea y hasta un Mercedes Benz negro, propiedad del profesor Diego de Leo.

Aprendí a manejar, pero también a admirar a estos hombres y la actividad que desempeñaban en el deporte de mis amores y aunque debo confesar que en aquellos despreocupados días no pasaba por mi cabeza la idea de ser árbitro, su afecto y generosidad ayudaron a forjar mi carácter.

En 1976, con 20 años, ingresé a la Facultad de Derecho de la U.N.A.M. y al curso institucional de la FEMEXFUT dirigido por don Alfredo Fabela Rodas e impartido por los profesores Rafael Valenzuela y Marín, y el propio Yamasaki. A la mitad del curso nos pusieron a arbitrar sin tener la menor noción en una liga de las más bravas del D.F.; La Invernal de Guadalupe, que era conocida como “La Infernal”.

Mi primer partido fue un desastre; amonesté sin ton ni son, expulsé, marqué penales, nunca vi a los asistentes y no me mataron de milagro. De vuelta a casa, lleno de polvo y con el orgullo malherido, sentado en un vagón del Metro lloré, lloré de rabia y me juré nunca volver a pitar.

Por la tarde de ese domingo aciago me duché, asistí a misa y decidí que terminaría el curso e intentaría aprender a arbitrar. Gracias a esa decisión permanecí 22 años dentro del arbitraje cuyo aroma aún hoy me perturba y corre por mis venas como una droga.

Por el arbitraje pasé ratos inolvidables, conocí lugares remotos, hice amigos, aprendí las ventajas de la disciplina y pude estar en las entrañas del fenómeno sociocultural y económico más grande en la historia de la humanidad: Esa religión de religiones llamada futbol.

Por cierto, y para terminar, les platico queridos amigos que, gracias al arbitraje pude asistir, representando a México, a Juegos Centroamericanos, Copa de Oro, Mundial Sub-17, Mundial Sub-20, Juegos Olímpicos, Copa América y dos Copas del Mundo amén de haber dirigido 10 Finales de torneos mexicanos. Gracias a todos aquellos que, de una forma u otra tienen que ver con esta hermosa carrera, porque de ellos sigo aprendiendo como en esas tardes dominicales a los 14 años.

Trabajo en equipo. ¿Fantasía o realidad?

Para todo tipo de público, en ella (la conferencia) ponderamos las ventajas de la asociación, el liderazgo, la búsqueda de la excelencia, entre otras cosas.

Duración: 1 hora 15 min.

Decisiones con valor

Para grupos de jóvenes, universidades y tecnológicos. Aquí se marca la importancia de las decisiones que tomamos y cómo influyen en el entorno.

Duración: 1:45.

Servicio a profundidad

Fuerza de ventas, empleados de mostrador y en general, todo aquél que ofrece bienes o servicios. Aprovechando el símil futbolístico de la frase “servicio a profundidad” como preámbulo de algo emocionante, en esta plática se sugieren las bases para efectivamente, brindar un servicio de excelencia.

Duración: 1:45.

Charlemos de arbitraje.

Para clubes deportivos y algunas carreras universitarias. De manera coloquial se explica la dificultad de hacer valer la autoridad en el difícil mundo del futbol profesional y amateur.

Duración: 1:30.