Jesús Ramírez

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Jesús Ramírez, el verdadero artífice de la victoria de la selección Sub-17, que ganó el campeonato mundial de futbol en Perú, es el héroe del momento.

Todos le rinden pleitesía y lo colman de elogios. Pero centrado como es, recuerda que al principio lo tomaron por loco cuando dijo que se traería el título y le negaron todo apoyo. Ricardo La Volpe lo despreció. Alberto de la Torre estuvo a punto de despedirlo y sólo le ayudó, por fortuna, al no meter ni un dedo en su trabajo.

Ahora, Ramírez recuerda esos amargos momentos y dice que siempre pensó en que “se vale soñar”.

Técnico modesto e inteligente, sobrevivió a los cataclismos incesantes y cíclicos, a las guerras intestinas, anarquía, rapacidad y envidias que caracterizan al balompié mexicano encabezado por De la Torre y Decio de María Serrano.

Su cargo, intrascendente para muchos, irrelevante por lo que significaba trabajar con jóvenes de 17 años, no era codiciado por nadie y se mantuvo en él “con trabajo y amor” para cosechar hoy los más grandes laureles.

“Aquí no hay límites. Somos de México; sin embargo, el entorno no juega, aunque puede ser negativo. Hay quienes dicen: ¡No, este cuate quiere ser campeón del mundo, está loco! No te dan permiso de soñar. Aquí sí hay permiso de soñar. Todo es posible”, afirma Ramírez.

Conocido por el mote de Titino desde sus tiempo de jugador, acepta que sus detractores y quienes lo criticaron por desear el Campeonato Mundial fueron “un enemigo importante” en su proceso, sobre todo después de que muchos jugadores con gran talento quedaron fuera de su lista final, por no tener actitudes acordes a la dinámica grupal, que van más allá de meter muchos goles.

“Ya elegiste a un buen jugador, pero luego tienes que ver cómo piensa, cuál es su entorno, cómo viene de su casa, cómo está culturalmente. También en el hogar hay desastres, y arreglar todo eso y que los chavos piensen diferente, es difícil”, confiesa.

Tanto se esmeró Chucho en inculcarles la cultura del triunfo a sus discípulos, que hasta les impartió clases de “aplicación mental”, aprendidas con el doctor Octavio Rivas Solís, psicólogo de los Pumas, quizá la clave de su triunfo. Con esa enseñanza, junto con el intenso acondicionamiento futbolístico, Ramírez siente que se puede llegar todavía más lejos.

“Sería triste engañar, porque me he manejado con la mayor honestidad posible. Manejamos al grupo en la medida en que nos dejaron, porque tuvimos poco roce internacional. No hay cultura de triunfo; pero con lo que hicimos tengo para soñar”, dice sonriente el estratega mexicano.

“No vamos a luchar contra la historia de Brasil”, había dicho Ramírez, minutos antes del partido más importante de su vida, con el fin de que los muchachos no se impresionaran con la camiseta verde y amarillo del rival.

Honor a quien honor merece, el ex jugador de Pumas y Atlante primero quedó al frente de la Sub 15 por designación de Alejandro Burillo Azcárraga, cuando era director de Selecciones Nacionales, quien luego impuso, en agosto de 2001, al argentino Humberto Grondona, responsable de los equipos menores.

Sin embargo, por omisión, descuido o suerte, Chucho Ramírez permaneció en su lugar tras la renuncia de José Luis El Pareja López, cuando Grondona asumió el timón de la Sub 17 con la bendición de Alberto de la Torre, presidente de la Federación Mexicana de Futbol (FMF).

Tras el último lugar alcanzado en el torneo en los Emiratos Árabes Unidos de la Sub 20, a cargo de Eduardo Rergis, Grondona quedó también como timonel de ese equipo, y Ramírez resultó el único en permanecer en su cargo de la tripleta de técnicos mexicanos, inclusive aun tras la salida del argentino en 2005, luego del papelón de la misma Sub 20 en el premundial de Honduras.

Los técnicos de cierto prestigio –hoy retorcidos de envidia tras las victorias en Perú– desdeñaban las selecciones de infantes. “El seleccionador nacional Ricardo La Volpe desde el principio se deslindó y dijo que únicamente atendería a la mayor y a la Sub 23, y ni siquiera tuvo la cortesía de asistir a Lima, no en plan de apoyo, sino para tratar de aprender algo de Ramírez, quien sin falsa modestia se declara psicólogo y motivador nato”.