Enrique Borja

Para los aficionados al futbol de las décadas de los cincuenta y sesenta, queda todavía en la memoria aquel gol de un jovencito de 21 años que, en una media vuelta fulminante, le dio a México la ventaja parcial en el partido ante Francia en la Copa del Mundo de 1966: el autor, uno de los grandes ídolos de todos los tiempos, Enrique Borja.

Enrique Borja García nació un 30 de diciembre de 1945 en la Ciudad de México y comenzó a practicar el futbol a muy temprana edad (9 años).

Siempre se caracterizó por ser un oportunista dentro del área rival y, aunque no tenía una técnica muy depurada, su presencia en el momento oportuno para marcar o resolver una jugada se hicieron populares.

A la edad de 17 años formó parte de un combinado juvenil que ganó el título en los VII Juegos Nacionales realizados en San Luis Potosí, y ahí fue invitado a participar en las fuerzas inferiores de los Pumas, que por ese entonces empezaba a dar frutos en la formación de futbolistas gracias a la mano de Renato Cesarini.

Con tan sólo 19 años, en 1964 tuvo la oportunidad de debutar en Primera División en el estadio de Ciudad Universitaria vs el Zacatepec, en un partido de Copa. Pronto demostraría sus dotes de gran goleador ya que en esa temporada de 1964-65, en tan sólo siete juegos marcó cinco veces. Un nuevo ídolo de la afición comenzaba a forjarse tal y como lo había predicho años atrás Don Renato Cesarini.

Su carrera empezó a ascender de manera vertiginosa. La siguiente campaña era ya titular indiscutible de la delantera universitaria que, además de Borja, contaba con jóvenes de la talla de Aarón Padilla y Mario Velarde. Borja consiguió en esa temporada de 1965-66, 12 anotaciones e Ignacio Trelles, entrenador nacional, se dio cuenta que ese joven de nariz alargada podría ser la solución a la eterna falta de gol de la Selección Mexicana.

A escasos dos meses y medio para que arrancara el Mundial de Inglaterra, Enrique Borja fue convocado para integrar el “Tricolor” en un partido amistoso ante el Club Guadalajara. México ganó ese duelo 3-0 y Borja conquistó dos goles. Ahí, empezó un romance con la afición mexicana que se prolongaría hasta el día de su retiro.

Con 20 años llegó la oportunidad de darse a conocer en el plano internacional. La octava Copa del Mundo estaba a la vuelta de la esquina y sin Héctor Hernández ni Alfredo del Águila (pilares en la gran actuación de Chile 62), contemplados para figurar en la nómina final, el nombre de Enrique Borja era el indicado para llenar el hueco de la delantera azteca.

México saltó a la grama del mítico Estadio Wembley el 13 de julio de 1966 para hacer su presentación en el mundial. El rival era Francia, un equipo ordenado, pero que había dejado muy atrás sus épocas gloriosas de Fontaine, Kopa, Vincent y varios más.

El “Tri” dispuso para el partido de varios jugadores que ya tenían experiencia mundialista y de otros que hacían su debut en esta justa, nombres como: Magdaleno Mercado, Guillermo “Campeón” Hernández, Aarón Padilla, Enrique Borja e Ignacio “Cuate” Calderón conformaban con los “veteranos” una nómina interesante.

El partido, en su primera mitad, concluyó con empate a cero goles. A los tres minutos de iniciado el segundo tiempo, explotó la algarabía en todo México cuando un zurdazo de Enrique Borja, producto de una “melé” en el área francesa, se fue al fondo de la portería de Marcel Aubour para el 1-0 parcial.

La segunda victoria de México en Copas del Mundo estaba en camino, pero al minuto 62 de tiempo corrido, un disparo del galo Gerard Hausser generó la igualada. El encuentro concluyó con empate a un gol y por primera vez en la historia, la Selección Nacional no empezó perdiendo en el mundial.

A pesar de que Enrique Borja jugó completos los siguientes dos partidos, México ya no pudo anotar de nuevo, ya que perdió con Inglaterra 2-0 y empató con Uruguay a cero goles.

Sin embargo, Borja dejó muy buena impresión dentro del combinado nacional y en el medio futbolístico internacional.

A partir de la justa mundialista, el delantero puma fue parte fundamental de la selección en las siguientes competiciones. Su producción goleadora en la Universidad iba en aumento al igual que con el “Tricolor” en partidos y torneos amistosos.

Parecía que su presencia en el cuadro titular de la selección azteca en el mundial de 1970 sería incuestionable, pero increíblemente no fue así.

Con gran sentido del tiempo y la distancia dentro del área, rápido de mente para definir y con ese olfato innato que poseen los grandes goleadores, los años previos de la justa mundialista de 1970 fueron para Borja excepcionales. Ayudó a que los “Pumas” obtuvieran su primer subcampeonato de liga, en dos campañas de liga obtuvo 36 goles, más otros en partidos amistosos con los universitarios y con la Selección Nacional.

Pero en 1969 se dio una noticia que sacudió al medio futbolístico. Enrique Borja había sido transferido de los “Pumas” al América. Esta negociación causó tal escándalo que el delantero comentó, cuando se enteró de su compra a los entonces “Cremas”, que dejaría de jugar porque no estaba de acuerdo. La directiva americanista tardó en convencerlo y en ese año, previo al mundial, la figura de Borja se fue para abajo.

Quizás esa fue la razón por la cual Raúl Cárdenas, técnico nacional, prefirió alinear a Javier Fragoso, Mario Velarde, Horacio López Salgado y Javier “Cabo” Valdivia en la delantera azteca. A pesar de tener el número 9 en la playera y ser el delantero mexicano más prolífico de los últimos años, Borja calentó la banca en la Copa del Mundo que era para él, por estar en la edad ideal para consolidarse y frente a su público.

Enrique no vio acción en el partido inaugural frente a la Unión Soviética. Jugó sólo 45 minutos en la victoria de 4-0 sobre El Salvador. Tampoco jugó en el histórico triunfo ante Bélgica y, ya en cuartos de final, entró de cambio al minuto 69 de tiempo corrido cuando México era totalmente superado por Italia, en una medida desesperada de Cárdenas para salvar lo insalvable.

Así, sin pena ni gloria pasó el mundial de México 70 para Enrique Borja. Pronto la historia le daría la razón de que merecía más en aquel mundial.

Ya con el América, Borja volvió a demostrar sus dotes de imperdonable dentro del área. Con los “Millonetas” formó una dupla excepcional con Carlos Reinoso, en donde se hiciera famosa la frase “pase de Reinoso, gol de Borja”. Fue campeón de goleo tres temporadas consecutivas, ganó con el América el título de liga de la temporada 70-71, el subcampeonato de la 71-72, el Torneo de Copa de 73-74 y provocó que los aficionados al conjunto de Coapa regresaran a las gradas del Estadio Azteca para ver un equipo espectacular.

Se acercaba otro periodo mundialista y el nombre de Borja figuraba con los de una nueva generación en la que se habían sembrado grandes esperanzas. Junto a él, estaban los nombres de Octavio Muciño, Horacio López Salgado, Manuel Lapuente, Fernando Bustos, Antonio de la Torre, Cesáreo Victorino, Héctor Brambila, Rafael Puente, Javier “Kalimán” Guzmán y Genaro Bermúdez, entre otros, dirigidos por el Ing. Javier de la Torre.

Este grupo ganó con comodidad la eliminatoria de la zona norte de la CONCACAF y obtuvo su boleto para el Premundial de 1973 (con miras al Mundial de Alemania 74) en Haití, pero cuando la mayoría del medio futbolístico mexicano (incluidos prensa y directivos) y la afición, daban por hecho la clasificación a la Copa del Mundo, la realidad apareció en la selección.

Ni Borja ni Bustos ni Muciño ni otros, que pasaban por un excelente momento en el torneo local, fueron capaces de salvar el barco que se hundía cada vez más en tierras haitianas.

Enrique Borja fue parte del once titular en el primer partido del Premundial ante Guatemala que concluyó en empate a cero. Ahí, México empezó a cavar su tumba. Lesiones misteriosas, falta de disciplina y personalidad de Javier de la Torre para con los jugadores y de los propios jugadores a la hora de entrenar, y decisiones equivocadas del cuerpo técnico terminaron por hundir la nave.

El “Ídolo de México” no estuvo presente frente a Honduras (empate a 1), tampoco frente a Antillas Holandesas (victoria de 8-0) y ante Trinidad y Tobago (“La noche triste” del futbol mexicano).

Cuando ya todo estaba definido y Haití tenía ya en sus manos el boleto de la CONCACAF para el mundial, Borja alineó en el último duelo ante el cuadro local que servía de mero trámite para cumplir con el calendario. Para nada sirvió que uno de los mejores goleadores que ha dado México en su historia anotara el único gol del partido, ya que la selección regresó a casa con la palabra “Fracaso” por delante.

El “Cyrano de los imposibles”, como también se le conoció por su grande nariz y por lo inverosímil de muchos de sus goles, jugó un puñado de partidos más en 1974 y 1975 (ninguno de ellos oficial) y vistió por última vez la casaca nacional el 24 de agosto de 1975 en un partido amistoso ante Estados Unidos en el Estadio Azteca, correspondiente al Cuadrangular Internacional México 75 y que ganó el Tricolor 2-0. Borja entró de cambio al minuto 30 del primer tiempo en sustitución de López Salgado y conquistó su último gol a los 44 del primer tiempo.

Sus 31 goles con la selección en partidos de tipo “A” (oficiales o amistosos contra otras selecciones profesionales), lo tuvieron por mucho tiempo como el máximo “rompe redes” del conjunto azteca, hasta que su marca fue superada por Carlos Hermosillo y Luis Hernández.

Borja también fue parte de la nómina mexicana en torneos como el Pentagonal Chileno de 1966, el 3er Hexagonal Internacional de la Ciudad de México en 1967, el 4to Pentagonal Internacional de la Ciudad de México en 1970, el Cuadrangular Internacional Jalisciense de 1972 y el 2do Cuadrangular Internacional de la Ciudad de México de 1975.

Su gran personalidad dentro y fuera de la cancha, acompañada por su gran productividad dentro de ella, le valió ser parte de la Selección Resto del Mundo en 1968 y 1973. Además, fue parte del equipo que consiguió la hombrada de vencer a Brasil en el mismísimo Maracaná en una gira por Sudamérica en 1968.

El día de su retiro de las canchas, el 29 de julio de 1977, el Estadio Azteca se llenó hasta el tope para ver por última vez a su ídolo pisando el área con los dos grandes equipos Pumas y el América, que tantas satisfacciones le dieron y a las que retribuyó con sus goles a los miles de aficionados de esas escuadras. En ese último partido el marcador final fue 4-2 ganando el América con 2 grandes goles de Enrique.

Enrique Borja siempre fue sinónimo de gol. Puede ser considerado como el futbolista que tomó la estafeta de Horacio Casarín como ídolo de la afición y quienes lo vieron jugar entenderán lo que significó este nombre para el pueblo de México.