Patricia Guerra

Ni las temperaturas que oscilan entre los tres y siete grados centígrados, ni las corrientes marítimas de hasta nueve kilómetros por hora, ni las orcas y lobos marinos a los que se enfrentará parecen intimidar a la nadadora Patricia Guerra en sus próximos retos: cruzar el estrecho de Magallanes, previsto para diciembre de 2006 y febrero de 2007, y unos meses más tarde el de Bering.

“Son cruces complicados, que demandan más de mi persona, un equipo de logística, tanto en los nados como afuera, en todo el escenario que rodea (la prueba)”, comentó en conferencia.

Será una hazaña que exigirá un esfuerzo físico extremo de su parte, ya que para lograrlo necesitará llevar un ritmo de nado constante, sumergida en gélidas temperaturas en las que un ser humano promedio perdería la vida en pocos minutos.

“Necesitamos 80 brazadas por minuto para generar velocidad, romper esas barreras y propiciar calor en el cuerpo, que es uno de los factores más importantes o una de las causas que impedirían lograr un cruce a esas temperaturas”, explicó quien en 2004 se convirtió en la tercera mexicana en cruzar el Canal de la Mancha.

Ante los peligros de sus metas, Guerra no descuidará un solo detalle, por lo que tiene previsto un intenso programa de entrenamiento y planeación detallada porque, advierte, el objetivo “no es poner en riesgo ni el proyecto ni a Patricia Guerra”.

“Realizaremos nados preparatorios en el Nevado de Toluca, en donde estaremos enfriándonos con el volcán, haciendo los nados sin traje de neopreno y sin ninguna especie de repelente para el frío”, adelantó.

Una empresa que está a medio camino del deporte extremo y la aventura, porque entre las dificultades que presentan esta clase de proyectos no sólo será soportar las bajas temperaturas y sobreponerse a las fuertes corrientes del mar abierto, sino que también se tendrán que sortear especies marinas como orcas y lobos, cuya naturaleza territorial los convierte en serio peligro.

La expedición contará con un equipo encargado de minimizar los riesgos y estará integrada por un entrenador, un médico, un coordinador de embarcaciones y buzos que vigilarán el comportamiento de la nadadora en el agua fría y estarán atentos a la presencia de manadas de fauna marina.

Sin embargo, rebasar los límites del esfuerzo físico no fue suficiente para esta atleta, que junto con otras nadadoras mexicanas rompió este año el récord de cruce doble por relevos en el Canal de la Mancha, y para dar otro sentido a sus esfuerzos creó la fundación que lleva su nombre, con la cual recauda fondos a través de este tipo de pruebas deportivas.

Así, entre la hazaña deportiva y la preocupación social, Patricia Guerra no sólo quiere demostrar que los límites únicamente existen en la mente, sino que tampoco hay fronteras infranqueables.

“Esas líneas divisorias están porque los seres las crearon, sin embargo, alguien con sus brazos y piernas puede cruzar de un lado a otro, simplemente con la voluntad de hacerlo”.